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Sobre Historia Natural de la Destrucción (2020)

Nury González

(Santiago, Chile, 1960)

El Chamall es una manta mapuche de forma rectangular diseñada para cubrir el cuerpo de la mujer desde los hombros hasta los pies.

 

Si es negro, es usado siempre por una mujer. Estos tres chamales son tejidos que deben tener al menos cien años y el paso del tiempo los han llenado de hoyos, roturas y deshilachaduras, que se nos aparecen como marcas indelebles de una especie de “memoria activa” de la tela. Desechadas por inútiles e inservibles, fueron adquiridas por mí en el mercado de la ciudad de Temuco, en mayo de 2011, año de las grandes movilizaciones estudiantiles en todo Chile.

Al igual que los arqueólogos cuando delimitan con lienzas y pequeñas estacas los sitios de excavación, marqué con hilo blanco y pequeñas puntadas cada uno de los desperfectos y roturas que muestran estas telas, transformándolas en un mapa o en una itinerancia de su propia destrucción.

 

Cada una de esas telas fue además renombrada con una especie de aforismo: Al hilo de la historia, Con el alma en un hilo y Al hilo del pensamiento. Una historia llena de interrupciones y desastres. Esta obra fue construida con bastante lentitud entre mayo y septiembre de 2011, período en el que fuimos testigos en Chile de una de las grandes manifestaciones tempranas que daban cuenta de la enorme crisis de un sistema opresivo y abusivo que todos dábamos por aceptado.

Participa como contrapunto en esta obra un video, Hasta que valga la pena vivir (2019), armado con un registro al borde del lago Riñinahue ese mismo año 2011, de los restos de lava de la erupcion del Cordon Maulle que flotan y cubren como un manto interminable las aguas del lago, clara señal de las aguas debatidas.

 

Este registro es intervenido con otros registros de pequeñas obras construidas en fieltro, que flotan a la deriva en el Lago Riñihue, estando todos estos paradisíacos escenarios naturales muy al sur de Chile. El fieltro es esa tela donde no podemos encontrar ni urdimbre (estructura) ni trama (historia), es como un marasmo, una metáfora del momento político de la llegada a Chile en 2010 del primer gobierno de derecha desde el final de la dictadura. Hace entonces 10 años que débiles señales se instalaban silenciosas en los cuerpos y las vidas de todos, aparentemente las mismas que hoy se tornan imparables, hasta que valga la pena vivir.

En esta obra entonces, están cruzados –en la presencia de estos mantos mapuche– los desterrados y los refugiados que han quedado sin lugar en este mundo: las tierras perdidas, los territorios perdidos, las aguas perdidas, las historias perdidas.

 

De allí también el título prestado de esta obra, Sobre la historia natural de la destrucción, lo que me da ocasión de decir que en esta obra casi todo ha llegado de parte de otros, como un préstamo de sentidos. Al parecer, todo lo extraordinario que sucede se vuelve natural como el sol que sale todos los días por el oriente. Entonces, también lo sería la destrucción de toda dignidad. Llena tengo la cabeza de esa imagen. Ahora en 2020, todo aquello que pensé e imagine hace 10 años me hace un extraño sentido y punza con una terrible actualidad. En Chile y más allá de sus fronteras, como signo nefasto que se repite en todos los territorios y latitudes del planeta.

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